Quizá en una noche sin luna llena, quizá en el instante más luminoso de la noche. En un tiempo muy distinto.
¿Dónde estaba cada uno de ustedes, en qué posición, en la guardia de qué hora, durante qué acción, ante qué puerta, en qué rescate? ¿En el aliento del éxito de qué, de cuáles cosas, se encontraban? El sentimiento de resistencia, la fe y la venganza; todo estaba entrelazado.
Este sentimiento era histórico. Sí, no era algo muy nuevo ni se había formado de repente en los corazones y las mentes de las almas de las montañas. ¡Cuántos Zilan, Dersim y Maraş habían visto las hijas y los hijos de este pueblo! Y también en la guerra de guerrillas había una lucha bélica histórica; desde después de 2015 hasta el año 2025, en casi todos los territorios, hubo guerra con corazones y almas de las montañas. Estoy frente a frente con los cuerpos de esta guerra, una guerra que, así como fue histórica, tuvo su precio y costó muchas vidas. Hay una nobleza extraordinaria en cada cuerpo. Dicen que entre la guerrilla los mártires no mueren. Sí, parecería que cada cuerpo estuviera sumido en un sueño profundo.
¿Acaso no asustan los cuerpos sin vida? No sentí eso en los ojos ni en el corazón de nadie. Todo lo contrario: preparaban y acomodaban el lugar de su camarada sumido en un sueño profundo y lo recibían de la manera más hermosa… El trato más delicado y sensible hacia unos cuerpos convertidos en emblema de la nobleza. Pese al ardor del sol, a los días sin dormir y al agotamiento, servir a los mártires era el deber más grande a los ojos de cada guerrillero y guerrillera. En aquel momento derramaba ese sudor por su camarada.
Era el esfuerzo para que no quedaran sin quien los reclamara ni sin un lugar. Quizá no tenían gran cosa, pero estos héroes debían tener un sitio, una tumba.
Vi a muchos guerrilleros y guerrilleras, los conocí y conversé con ellos; fui testigo de sus tareas y de los momentos de sus acciones. En los ojos de cada guerrillero presencié su apego a la vida, su empeño por triunfar pasara lo que pasara y su determinación. Esto es la guerra: nunca se sabe cuándo, dónde ni qué sucederá. A veces, durante nuestras conversaciones, de labios de cada guerrillero brotaba esta frase: «Si algún día alcanzo el martirio, aunque no tenga una tumba, quiero que una parte de mí esté junto a mis camaradas mártires» …
El ser humano sólo puede aprender, única y exclusivamente en la guerrilla, a forjar dentro de sí el corazón capaz de soportar estos momentos y estos testimonios.
