HPG

Fuerzas de defensa del pueblo de Kurdistán

La tierra de Kurdistán vive desde hace casi veinte años profundas convulsiones. Desde luego, no son como aquellas alteraciones que las ocupaciones enemigas de miles de años provocaron en esta tierra sagrada.

La característica más importante de la transformación que atraviesa la lucha del pueblo kurdo, un pueblo que, pese a la ocupación, ha preservado profundamente su dignidad y su existencia, es su dimensión social y política. El hecho de que una sociedad dé «nombre» a la vida mediante su propia lengua, su conciencia y su voluntad, y que, consciente de lo que vive, lo interprete y lo conecte entre sí, posee hoy el mismo significado que crear la propia realidad. En este sentido, la Revolución de Kurdistán revela su diferencia y su fuerza cuando falta poco para el siglo XXI.

El acto de «nombrar» está ligado al fenómeno de comprender. En las primeras épocas, quienes daban por primera vez un nombre a las cosas cuyo «sentido» había sido captado para asegurar o facilitar la vida eran considerados sagrados. Porque la capacidad de nombrar los objetos del entorno forma una unidad con la comprensión, el pensamiento y la expresión. Nombrar, decir «esto es un ser humano, esto es tierra», significaba también que el ser humano tomaba conciencia de todo cuanto lo rodeaba, descubría el mundo y añadía nuevos eslabones a su aventura de humanización.

La capacidad de nombrar está vinculada con la creatividad. Fue la mujer quien introdujo la creatividad en la vida humana. Si el hecho de dar a luz era un reflejo de la fuerza creadora de la mujer, también era grande, en relación con ello, su interés por el entorno, los seres vivos, la naturaleza y, en suma, la vida. En la mujer, el fenómeno de la creación se integró con el fenómeno de la vida. Por un lado estaba la responsabilidad de hacer que el pequeño ser que llegaba al mundo lo conociera; por otro, la necesidad de la comunidad humana de participar en ese encuentro convirtió a la mujer en el puente fundamental entre el ser humano, la naturaleza y la vida.

Al nombrar el árbol, el pájaro, lo malo y lo bello, la mujer hizo posible el crecimiento del ser humano. Es decir, creó una historia no escrita. Una historia sin escritura, basada en la lengua. En esa historia, durante decenas de miles de años, la mujer mantuvo en alto su existencia, su nombre y su voluntad sin oprimir a nadie. En esa historia, la mujer era una diosa.

Y hoy, después de decenas de miles de años…

La mujer continúa su esfuerzo por volver a levantar, sobre bases firmes, la realidad de la «diosa» que perdió a lo largo de tantos siglos. Libra una guerra, una guerra implacable, pero lo hace sin perder la justicia que nace de sí misma ni su humanidad. La tarea de devolver a sus principios originarios la guerra entre el ser humano y la naturaleza, teñida de sangre humana por el patriarcado, recae hoy nuevamente sobre la mujer. Es necesario volver a «nombrarlo» todo. La lucha por la humanización en las tierras de Kurdistán se convierte en la lucha de la mujer por reencontrarse con su condición de diosa; pero ella prosigue esta lucha sin contaminarla.

La capacidad de comenzar de nuevo es un aspecto que el ser humano ha querido preservar a lo largo de la historia. Volver a caminar después de cada dolor sin renunciar a la fe, alzar de nuevo la cabeza y dar otro paso después de cada golpe, es algo propio del ser humano. Es una virtud. En esa virtud hay, junto a la intensidad del sentimiento, pensamiento, y también una actitud realista que integra ambos.

El hecho de que la realidad de la mujer, dentro de la Revolución de Kurdistán, dé sentido a cada fenómeno y a cada instante de la vida y los una con la creatividad, expresa también una aproximación correcta al concepto de la condición de diosa. La mujer ha revelado su existencia dentro de esta revolución mediante los cientos de sacrificios que ha realizado en este camino. El nacimiento de una nueva era para la mujer de Kurdistán, que vuelve a dar nombre a todo cuanto pertenece a la vida y al ser humano, quedó marcado por la fecha del 30 de junio de 1996.

Desde sus comienzos hasta hoy, la historia del PKK alcanzó un nuevo punto de inflexión con el 30 de junio de 1996, y la revolución llegó a una nueva etapa. La camarada Zilan, Zeynep Kınacı, que creó esa historia y dio «nombre» a aquel día, firmó esta etapa con su propia vida. Lo que llevó a cabo la camarada Zilan no fue simplemente una acción. Considerarlo tan solo como «un golpe infligido al enemigo» sería, sin duda, totalmente insuficiente. Esta etapa fue calificada por nuestro Líder Nacional, el presidente Apo, como «un nuevo comienzo». Sí, un nuevo comienzo que lleva en su seno los principios de la revolución, tan ricos como la propia historia de la humanidad, la filosofía de una nueva vida, las preguntas sobre el futuro, sus respuestas y las fórmulas para su solución.

La acción de Zilan se convirtió en el acto mismo de otorgar nuevamente sentido al mundo y recrearlo. Una de sus características más importantes es haber reunido a la mujer con la fuerza de la condición de diosa que había perdido. Zilan mostró a la mujer su capacidad para crear historia y su propia personalidad.

¿Qué dirá la humanidad sobre Zilan dentro de miles de años?

Las personalidades que viven una historia que comienza y termina consigo mismas pueden pensar en la camarada Zilan y en la filosofía del PKK que ella hizo realidad en sí misma únicamente dentro de los límites del año 1996. Decir «elevó la lucha en 1996» reflejaría esta perspectiva. Sin embargo, comprender los principios de vida preservados como valores profundamente sagrados y legados al futuro sobre esa base exige la mirada de personalidades cuya filosofía de vida se extienda a lo largo de miles de años. Zilan fue quien dio nombre a esa filosofía y quien la creó.

El vínculo que la camarada Zilan estableció en este punto con el presidente Apo es, en sí mismo, una camaradería que se prolonga a lo largo de miles de años. ¿No hay dolor en ella? Por supuesto que sí. Pero es un dolor que la personalidad entregada ha resuelto frente al sufrimiento de miles de años. Al dejar de ser solamente un individuo y reunir el valor de abrirse a los siglos, esta personalidad dio también un nuevo significado al dolor.

La tarea depositada sobre los hombros del presidente Apo y de los mártires consiste en reducir al mínimo posible los sufrimientos de estos miles de años. Es un hecho que el esfuerzo de la camarada Zilan por comprender la grandeza que el presidente Apo deseaba crear la condujo a proponerse ser grande. Esto es trascenderse a uno mismo. Es encontrarse, aunque se esté a miles de kilómetros de distancia o aunque nunca se haya hablado con el otro, en la militancia del instante que debe ser vivido. Es convertir el instante en victoria. Es quedar arraigado de manera imborrable en la conciencia de millones en lugar de seguir siendo solamente uno. Significa poseer la fuerza y la sencillez necesarias para crear lo correcto «en el lugar necesario y en el momento necesario».

La personalidad de Zilan es, para algunos, una fuerza a la que se debe temer. Porque esta personalidad no deja en paz ninguna ocultación ni ninguna falsedad. Nadie puede mirar a los ojos de Zilan y mentir. Porque Zilan es verdad; es algo creado y extendido a lo largo de miles de años. Tal vez haya quienes crean que pueden seguir viviendo en la falsedad frente a la personalidad de Zilan. Pero no serán ellos quienes permanezcan en la memoria de la humanidad; será Zilan.

La camarada Zilan estableció los principios de la condición divina de la mujer. Las combatientes de la Revolución de Kurdistán deben ser capaces de dar sentido a esa condición de diosa creándola, inscribiendo los principios de la revolución en la historia y engrandeciéndolos. ¿Es esto fácil? Naturalmente que no. Afortunadamente, la camarada Zilan no redujo a algo sencillo los caminos hacia la condición de diosa. La verdadera adhesión al estilo que parte del presidente Apo, se prolonga y reúne en sí mismo el pasado y el futuro debe ser también de esta manera.

La filosofía de Zilan debe comprenderse como el manifiesto de una nueva vida. Lo que el partido y la revolución han puesto ante nosotros «es más que un deber: es un derecho, es el amor mismo».

Fuente: Serxwebûn / junio de 1999